Estructura compleja de vaivén

Caperucita en el columpio. Narración pendular o de vaivén.

 

Esta estructura nos habla de una técnica narrativa en movimiento constante. Un vaivén entre el presente y el pasado, una y otra vez, donde es posible incluir el futuro y el regreso al presente. A partir de un presente real de acción externa dentro de la trama, comenzamos a narrar y vamos construyendo la historia con recuerdos, regresiones, analepsis o flashbacks, para volver al presente con el fin de anclar en la acción externa; luego regresar al pasado y volver una vez más al presente donde transcurre la historia en términos cronológicos; incluso podemos hacer anticipaciones, prolepsis o flashforwards, ya como estrategia de tensión o para resolver el conflicto, y posteriormente volver al presente de la trama. Es evidente que la posición del narrador no está en el inicio de lo que cuenta, puesto que recuerda; y tampoco está al final porque anticipa, es decir, nos encontramos in media res (en medio de la cosa).

Podemos comenzar a narrar un cuento con esta técnica desde el desarrollo del conflicto, en la situación límite, en el momento climático o cuando comienza el desenlace.

 Esquema de estructura de vaivén en diversos momentos de tensión narrativa.

Esquema de narración pendular

Partiremos siempre de una acción externa, donde los personajes se mueven en un presente de tiempo real que transcurre linealmente y que nos sirve de ancla para no perder verosimilitud; ésta nos remitirá a la acción interna, con un tiempo no mesurable en términos cronológicos, donde podremos viajar en el tiempo y narrar, ya en resumen con narración iterativa o en escenas con narración singulativa, y en presente o en pasado verbal, lo que ya aconteció y que dio lugar a que los personajes estuvieran en la situación actual, y luego volver a la acción externa para continuar en tiempo real donde siempre narraremos en escena, aunque sea de manera breve, para regresar de nuevo al recuerdo y luego al presente, se trata de ir y volver varias veces. Incluso, pueden hacerse anticipaciones que narren el desenlace sin moverse en acción externa del punto en el que estamos.

Esquema de vaivén respecto a la cronología.

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Si nos situamos en el desarrollo del conflicto, podemos utilizar las regresiones o analepsis para plantear aquello que lo originó, y usar las anticipaciones o prolepsis para llegar al clímax y desenlazar, esto quiere decir que desde el momento en que comenzamos a narrar la acción externa, que puede ir avanzando tan lenta o velozmente como nos lo propongamos, vamos a contar por qué nuestro personaje está precisamente allí; podemos contarlo de una sola vez o yendo y viniendo del pasado al presente y después hacia el futuro, algo así como premoniciones que lleguen al desenlace. También es posible usar solamente el recuerdo de lo que pasó para llegar al punto en el que comenzamos nuestro relato y de ahí en adelante, seguir en tiempo real.

Caperucita en la resbaladilla. Vaivén con anticipaciones o prolepsis.

Ejemplifiquemos con Caperucita:

Acción externa: Iba Caperucita por el sendero cuando vio unas gerberas moradas enormes, dejó su canasta en el suelo y corrió a cortarlas, cuando iba acercándose a las flores recordó la voz de su madre: (regresión o analepsis)

Acción interna:

—Tu abuelita está enferma, ¿puedes llevarle algo de comer? Mira, le preparé este budín que tanto le gusta.

Acción externa:

La niña frenó su carrera hacia el interior del bosque porque la voz de su madre seguía sonando en su interior:

Acción interna: (analepsis)

—Pero se lo llevas rápido, ya sabes como ir, hay que cruzar el bosque, puede ser peligroso si te apartas del camino. Dicen que un lobo anda rondando, es malo y se come a las niñas, y Caperucita, por favor no hables con nadie en el camino…

Regreso a la acción externa:

“Con quién voy a hablar, si aquí no hay nadie”, pensó la niña.

Caperucita no recordaba el resto de la conversación porque mientras su madre le hablaba se distrajo viendo una mariposa blanca, como esa, que ahora volaba delante de ella, pero no era una, sino muchas, muchísimas, sobre las flores lilas. La niña corrió hacia donde estaba la mancha blanca, las mariposas se dispersaron revoloteando. Caperucita reía de libertad, corría en círculos con las manos alzadas como si quisiera acariciar las alas de las mariposas. (Aquí ya planteamos el conflicto, ya sabemos de la abuela y del lobo.)

En una de las vueltas alcanzó a ver un lobo gris que parecía olisquear intrigado las diminutas ráfagas de aire que ocasionaba el molino improvisado con los brazos de la niña. A Caperucita le gustaban los perros, y éste ni siquiera era tan grande como el ovejero de Roberto, el pastor. (Aquí podemos comenzar con las prolepsis-anticipaciones o seguir hasta el final en acción externa) La primera reacción de la niña fue dar un pequeño salto hacia atrás, se sintió descubierta en medio de su desobediencia.

       Prolepsis o anticipación en acción interna:

Caperucita sintió un ligero estremecimiento, como si supiera que tras la mirada calma del animal se encontraba la traición, algo en la manera en que arrugaba el hocico para aspirar el aire la hizo retroceder.

Regreso a la acción externa:

El lobo se sentó sobre sus cuartos traseros a observarla. Caperucita, un tanto indignada por el susto, le dijo:

—Y tú qué me ves, me asustaste, perro tonto.

A lo que el lobo respondió con una elegante voz de barítono:

—Siento mucho haberte asustado, niña. No era mi intención.

Al escuchar las palabras que salían de las fauces del animal, Caperucita pestañeó varias veces.

Analepsis en acción interna:

Ella siempre hablaba sola, hablaba con los pájaros, con las flores, con los perros, pero nunca antes, ninguno de ellos le había respondido.

Regreso a la acción externa:

Azorada se le quedó mirando y le preguntó:

—¿Hablas? ¿De veras hablaste? ¿Me hablaste a mí?

El lobo, que esperaba esa reacción de la niña, respondió suavemente:

—Desde luego, niña, cómo iba a dejarte con la palabra en la boca, yo no soy descortés.

       Prolepsis o anticipación en acción interna:

El animal comenzaba a fraguar un plan, no podría comerse este delicioso bocado allí, en el claro, debería sonsacarle a la niña toda la información que pudiera y tenderle luego una celada. Mientras la miraba moverse, imaginaba el dulce sabor de su carne tierna, se relamía ya, pensando en que por el aroma, sería un platillo mucho más delicado que el cervatillo, la piel era menos gruesa y con mucho menos pelaje que despegar.

     Volvemos a la acción externa:

La niña dio algunos saltitos de alegría, por fin tendría un amigo animal con quien hablar.

Analepsis en acción interna:

En su casa siempre la acusaban de ser fantasiosa porque hablaba con su perrito faldero, con las plantas y con sus muñecas.

Regreso a la acción externa:

—Qué bueno que hablas, oye, tú dónde vives, qué haces en el bosque, ¿te gustan las mariposas?

—Sí, vivo en los alrededores. Y dime, niña, ¿hacia dónde te diriges? –pronunció el lobo con una impecable dicción humana.

—Voy a la casa de mi abuelita, del otro lado del bosque, está enferma y mi mamá le hizo de comer, pero a ver, dime antes, cómo logras hablar, mi perrita sólo gime, me lame y me ladra, pero no habla, ¿cómo aprendiste?

Resumen:

El lobo le contó una historia que iba inventando en el momento sobre una aldea de licántropos y sus enemigos, unos hombres de ojos verde serpiente. Fue tan convincente que la niña terminó llorando y acariciándole la cabeza. El lobo tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no salivar cada vez que la niña tendía su manita sobre su testuz. Cuando el lobo terminó de contar, Caperucita se dio cuenta de que se le había hecho tarde.

—Ya me tengo que ir, ¿quieres acompañarme? –dijo la niña.

(Prolepsis en acción interna)

La niña hizo la invitación de manera natural, sin imaginar siquiera las consecuencias. El lobo no podía aceptar, no le convenía ser visto con ella, la engañaría, la guiaría por el camino largo, mientras él tomaría un atajo para llegar antes que la niña a la casa de la anciana, ya había olisqueado la ubicación de la cabaña que estaba del otro lado del bosque. Allí la esperaría, y bajo techo, a puerta cerrada, la niña ya no podría escapar.

(Regresamos a la acción externa)

—No puedo pequeña, tengo que quedarme aquí, esta parte del bosque es segura para mí, pero sí puedo indicarte un camino mucho más corto para llegar, ya verás –propuso el lobo.

—Qué lástima, me hubiera gustado que vinieras conmigo –replicó la niña–, pero volveremos a vernos ¿verdad?

El lobo asintió y con el hocico comenzó a empujar a la niña hacia el camino de los alfileres.

       Prolepsis en acción interna:

Él tomaría el de las agujas, llegaría a la casa de la abuela, entraría y la encerraría dentro del ropero o quizá podría tragársela como quien se traga una píldora amarga; después de todo la abuela era vieja y estaba encorvada, la edad la había empequeñecido. Acto seguido se ocultaría bajo las sábanas a esperar a la pequeña. Haría que ésta se acercara tanto que su húmeda nariz le rozara el lóbulo de la oreja, y una vez allí daría la tarascada directamente a la yugular. Pero lo que el lobo no previó fue el vahído de placer que le nublaría la vista al rozar con el olfato la intimidad del aroma a cebollitas cocidas de la niña bajo la caperuza, ni que en ese momento perdería el control de su salivación y que, paradójicamente, la saliva escurrida haría que la niña se volviera resbalosa y que por eso lograría escapársele; tampoco que después de unos segundos de mudo azoro, Caperucita soltaría un grito desesperado por la indignación al sentirse traicionada. No, el lobo no pudo anticipar la cercanía del cazador-guardabosque-leñador de ojos verde serpiente que entraría de inmediato y lo separaría para siempre de su presa.

       Volvemos a la acción externa:

—Está bien, pero no me empujes –dijo Caperucita entre risas–, primero tengo que ir por mi canasta. Ven, al menos acompáñame al sendero –se despidió la niña y, lanzándole un beso con la manita, se dio la vuelta. El lobo la miró relamiéndose, mientras pensaba que de todas formas la abuela no tendría tiempo de comerse aquellas viandas. Caperucita siguió confiada por el camino que el lobo le había aconsejado.

       Prolepsis en acción interna:

Ella no sabía que antes de caer la noche, su vida habría dado un vuelco, su vida sería amenazada por aquel que creyó su amigo. Aparentemente, ella saldría indemne, con un solo rasguño en el brazo, pero la cicatriz que le quedaría en la memoria sería imborrable. Esa noche no le importaría el regaño de su madre, ni el ataque de histeria de su abuela. Ella no podría volver a confiar en que alguien que pareciera responder a todos sus sueños, como un lobo que habla y promete jugar con ella. “Si tenía una voz tan bonita y parecía tan educado”, se diría… Caperucita ignoraba que, hacia la madrugada, habría dejado atrás la ingenuidad de la infancia y comenzaría a comprender que la traición podría anidar en quien menos lo esperaba.

Volvemos a la acción externa:

La niña llegó, un poco cansada y sudorosa hasta la puerta de la casa de su abuela. Tocó y una voz ronca la invitó a pasar. Caperucita pensó que esta vez su abuela sí que había pescado un buen resfriado.   Al girar el picaporte de la puerta iba a encontrarse con mucho más que una abuela agripada.

 

Caperuza en Vaivén con regresiones o analepsis.

También es posible que la acción externa avance con analepsis o regresiones al pasado en acción interna y vueltas al presente hasta concluir sin anticipaciones. Para reflejar esta utilización de la estructura en Caperucita tendríamos que situarla en acción externa desde la situación límite (que es donde termina el ejemplo que acabamos de hacer), y a cada paso que da la niña dentro de la casa, hacer una regresión, por ejemplo:

Acción externa: Toca y escucha la voz ronca.

Analepsis en acción interna: Entonces recuerda que su madre la mandó a llevarle comida porque la anciana estaba enferma.

Acción externa: La niña abre la puerta y la casa tiene los postigos cerrados, ella entra deslumbrada y mientras sus ojos se acostumbran a la oscuridad, puede hacer la regresión en

Acción interna: al momento en que vio las flores y se olvidó de los consejos de su madre.

Acción externa: luego puede tropezarse con algo o percibir el olor y pensar que a su abuela le hace falta un baño,

Acción interna: mientras asocia ese olor con su encuentro con el lobo y lo narra.

Luego la regresamos en Acción externa: al pie de la cama, cuando ve al lobo-abuela cubierto por la sábana y comienza a disculparse por la tardanza porque se perdió en el camino corto que un amigo (el malintencionado lobo) le había aconsejado (ojo: esto lo estamos narrando en un discurso indirecto libre como resumen), y finalmente, a cada pregunta, ella puede ir asociando con los rasgos del lobo en pequeñísimas regresiones de descripción, hasta que la saliva del lobo la moje en acción externa, segundos antes de que se lance sobre ella, y allí Caperucita puede comenzar a preocuparse por la abuela mientras corre y grita, y cuando llegue el cazador-guardabosques-leñador, venza al lobo y rescaten a la abuela, se desentrañe el misterio de la abuela suplantada, luego todos ver al lobo despanzurrado o cómo se desespera dentro de alguna trampa o una jaula.

Otra posibilidad al usar esta combinación está en comenzar a narrar en acción externa desde el clímax o al comienzo del desenlace para hacer una retrospección en acción interna que cuente la historia completa hasta llegar de nuevo al momento en que nos encontrábamos cuando empezamos a narrar para retomar la acción externa y terminar de esa forma.   Es como si Caperucita le contara toda la historia al cazador-guardabosques-leñador en el momento en que entra a la casa de la abuela para salvarla, lo cual sería un error porque el lobo tendría tiempo de atacar o de huir en lo que la niña da explicaciones; o todavía mejor, si ella comenzara a recordar cómo había sucedido todo mientras observa la lucha encarnizada entre el cazador-guardabosques-leñador con el lobo. Como estamos hablando de tiempo interno, no se trata de minutos o segundos externos, así la acción externa puede congelarse para que ella pueda terminar de contar y regresar justo en el momento en que el hombre vence a la bestia y ya en tiempo externo, juntos pueden rescatar a la abuela del ropero o de la panza del lobo.

Cómo lo hice… Rúbrica para la estructura de vaivén.

Al igual que en la estructura lineal, es posible revisar qué tan bien realizaste los ejercicios. A continuación está una rúbrica para que compares el resultado de tus textos o de tu cuento con estos criterios de calidad:

Rúbrica Vaivén